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jueves, 10 de junio de 2010

Mañana empieza el mundial de fútbol y yo no me podía quedar atrás en eso de opinar sobre tal evento...

Acepto que no hay cosa más trivial que el fútbol. Pero aún así me gusta. Me entretiene. Adoro las llamadas "cosas serias", pero no por eso me pongo de mamón con respecto a ciertas aficiones poco intelectuales. Aquí la cuestión no es la de discutir si vale o no la pena el fútbol. Discutir eso sería tan absurdo e inútil como discutir si vale o no la pena creer en Jesús, Krishna o en el dinero.

¡Ah, que bonito es el fútbol! Uno grita de emoción con los goles, se encabrona cuando fallan una oportunidad clara los delanteros o cometen un penal los defensas, y llora cuando se pierde una final importante. O también puede uno tomárselo con calma y no apasionarse tanto pero igual entretenerse.

A lo que voy es que el fútbol es más complejo de lo que parece. ¿Por qué si no, gente tan distinta una de otra comparte la afición a un deporte de reglas tan sencillas? El fútbol es universal y cada quien lo vive como se le antoje. Además de que hace surgir múltiples emociones y está lleno de matices.

Conozco personas que sólo se acuerdan que tienen sentimientos cuando están viendo un partido de fútbol. Y eso, en una ciudad como en la que vivo, en los tiempos en que vivimos, y en general el mundo en que vivimos... pues ya supone cierta ganancia. No digo que el fútbol sea terapéutico, o despierte sensibilidades, sino que simplemente hace que la gente se explaye y se desnude tal y como es en realidad.

Eso es lo que atrae a un servidor del fútbol. Esa curiosa mescolanza entre sencillez y complejidad, que varía (como ya dije) de persona a persona. También que si uno es observador, y conoce más o menos como está la onda, se dará cuenta que ¡ningún partido es igual a otro!

Y ahí entra la espontaneidad de los partidos de fútbol. Que aunque el chiste en todos ellos sea meter un balón en la portería contraria el mayor número de veces posible en dos tiempos de cuarenta y cinco minutos de duración cada uno, con once jugadores por partido...

Que a pesar de eso cambian las jugadas, la manera en que se dan los goles y otras peculiaridades: tales como una madriza en pleno juego, faltas groseras y cochinas, fallas del árbitro, errores patéticos y hasta chistosos de parte de los jugadores e incluso hasta uno que otro espectador que invade la cancha.

Por eso a todos aquellos a quienes nos gustan todas estas cosas, y otras más que implican el fútbol, nos encantará ver, oler, gritar y sentir el fútbol los siguientes treinta días. Claro que haremos otras cosas, como leer, defecar, comer, resolver sudokus, volar papalotes, cantar en la regadera, ver descaradamente mujeres atractivas en plena calle, etc, etc.

Y claro que no pretendemos justificar nuestra existencia como mexicanos, seres humanos ni hacer como que por cada partido que gane o gol que anote la selección mexicana en el mundial, el país mejorará en cuanto a todos los problemas que lo afectan.

Por un lado está el país hecho un desmadre diario, y por el otro el mero entretenimiento. A mis compañeros nerds, a los emos, amargados y pseudo-intelectuales o a los que simple y sencillamente no les pasa el fútbol les digo: no se claven.

El opio del pueblo es la apatía, la ignorancia y el ensimismamiento indiferente, los cuales se dan los trescientos sesenta y cinco días del año, independientemente de que haya fútbol, programas de televisión, o gente que vea la televisión o asista a los partidos de fútbol. No me salgan con la tontería de que este inocente divertimento es el enemigo número uno de nuestro país.

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