Lo normal: Nacer, crecer, bloggear y morir...



miércoles, 16 de junio de 2010

Me irritan muchas cosas en esta vida. Actualmente son dos cosas: no poder leer los libros que quisiera por tener que dirigirme a otros por obligación y el hecho de que asistiré a una fiesta este sábado en la que (estoy seguro al cien por ciento) no me divertiré. Como irritante extra podría agregar que esta copa del mundo no cumple con mis expectativas como aficionado. 

Ajá. Ya sé que no busco con desesperación a un hijo secuestrado, o que no tengo que preocuparme por lo que comeré mañana, como millones de personas en este mundo en este momento. Ya sé que pertenezco al horrendo porcentaje de superficiales sin nada importante que aportar al mundo por el sólo hecho de estar escribiendo aquí en lugar de estar reproduciéndome o abogando por un exterminio de chinos. 

Ajá. Eso está muy bien. Pasando a otras cosas (hay que ignorar el hecho de que todo en los blogs son trivialidades escritas por gente trivial), ayer se me ocurrió una pregunta que aunque no tiene nada de filosófica y si mucho de mamona, estúpida e incongruente... es una pregunta a la que no puedo encontrarle una respuesta. Y ese sólo hecho basta como criterio para darla a luz en la red, "echarle más caca a la red", como suelen decir los cibernautas escatológicos.

Es la siguiente: El doble de mi doble, ¿Qué vendría siendo de mí? ¿Mi doble doble? ¿Mi cuádruple? ¿Mi doble sustituto en caso de que mi primer doble muera? Lo increíble de esta pregunta es lo verosímil que resulta.

Seguramente muchos de ustedes al igual que yo, nos hemos encontrado con un sujeto que se parece mucho a nosotros, cual si fuera nuestro doble. Pues imagínense que pasaría si su doble entra en contacto con ustedes y les comunica de la existencia de un doble suyo. De miedo, ¿no? Culpemos a la jodida globalización. 

Ahora que estamos en plena vorágine comercial referente a la selección mexicana de fútbol, se me ocurre un ejemplo que resume la idea que trato de comunicarles. Cuauhtémoc Blanco encuentra a su doble para anunciar cierto producto en la televisión mientras él está concentrado en Sudáfrica.

El sujeto elegido como doble suyo le relata la anécdota de que en su niñez, adolescencia o vida adulta conoció a un sujeto que se parecía mucho a él, pero ha pasado tanto tiempo que no sabe que fue de él. 

Una vez eliminada la selección nacional, y en vez de irse a fornicar con su novia Rossana Nájera o vegetar otra temporada con el Veracruz, el Cuau, intrigado por la posibilidad de un "tercer" Cuauhtémoc, emprende su búsqueda. Se vale de las redes sociales, los medios televisivos, periódicos, etc., para contactarlo.

Después de una ardua labor tipo "dónde esta Wally?", da con el doble de su doble. Se contemplan en silencio, frente a frente . Asombrado por la delgada línea de ficción y realidad que se rompe y se rehace con angustia entre ellos, el Cuauhtémoc original se cuestiona sobre la realidad, la identidad, el azar y si su padre dejó regados más Cuauhtémocs por todo el mundo. 

En ese momento el comercial acaba y se dan cuenta que es lo más mal viajado que han hecho en toda su vida. Separados, sin música de fondo, telones, falsos decorados o productos comerciales de por medio, se alejan para vivir, cada uno a su manera, sus respectivas vidas.

Si me han seguido hasta este punto de mi narración, tienen todo el derecho de mentarme la madre. Pero admitan que la única y humana escapatoria ante mi pregunta, es la de huir e ignorarla. De lo contrario correríamos el riesgo de volvernos locos... por si las dudas no estaría de más ver "Being John Malkovich"... buena movie... más entretenida que varios partidos del presente mundial. 

jueves, 10 de junio de 2010

Mañana empieza el mundial de fútbol y yo no me podía quedar atrás en eso de opinar sobre tal evento...

Acepto que no hay cosa más trivial que el fútbol. Pero aún así me gusta. Me entretiene. Adoro las llamadas "cosas serias", pero no por eso me pongo de mamón con respecto a ciertas aficiones poco intelectuales. Aquí la cuestión no es la de discutir si vale o no la pena el fútbol. Discutir eso sería tan absurdo e inútil como discutir si vale o no la pena creer en Jesús, Krishna o en el dinero.

¡Ah, que bonito es el fútbol! Uno grita de emoción con los goles, se encabrona cuando fallan una oportunidad clara los delanteros o cometen un penal los defensas, y llora cuando se pierde una final importante. O también puede uno tomárselo con calma y no apasionarse tanto pero igual entretenerse.

A lo que voy es que el fútbol es más complejo de lo que parece. ¿Por qué si no, gente tan distinta una de otra comparte la afición a un deporte de reglas tan sencillas? El fútbol es universal y cada quien lo vive como se le antoje. Además de que hace surgir múltiples emociones y está lleno de matices.

Conozco personas que sólo se acuerdan que tienen sentimientos cuando están viendo un partido de fútbol. Y eso, en una ciudad como en la que vivo, en los tiempos en que vivimos, y en general el mundo en que vivimos... pues ya supone cierta ganancia. No digo que el fútbol sea terapéutico, o despierte sensibilidades, sino que simplemente hace que la gente se explaye y se desnude tal y como es en realidad.

Eso es lo que atrae a un servidor del fútbol. Esa curiosa mescolanza entre sencillez y complejidad, que varía (como ya dije) de persona a persona. También que si uno es observador, y conoce más o menos como está la onda, se dará cuenta que ¡ningún partido es igual a otro!

Y ahí entra la espontaneidad de los partidos de fútbol. Que aunque el chiste en todos ellos sea meter un balón en la portería contraria el mayor número de veces posible en dos tiempos de cuarenta y cinco minutos de duración cada uno, con once jugadores por partido...

Que a pesar de eso cambian las jugadas, la manera en que se dan los goles y otras peculiaridades: tales como una madriza en pleno juego, faltas groseras y cochinas, fallas del árbitro, errores patéticos y hasta chistosos de parte de los jugadores e incluso hasta uno que otro espectador que invade la cancha.

Por eso a todos aquellos a quienes nos gustan todas estas cosas, y otras más que implican el fútbol, nos encantará ver, oler, gritar y sentir el fútbol los siguientes treinta días. Claro que haremos otras cosas, como leer, defecar, comer, resolver sudokus, volar papalotes, cantar en la regadera, ver descaradamente mujeres atractivas en plena calle, etc, etc.

Y claro que no pretendemos justificar nuestra existencia como mexicanos, seres humanos ni hacer como que por cada partido que gane o gol que anote la selección mexicana en el mundial, el país mejorará en cuanto a todos los problemas que lo afectan.

Por un lado está el país hecho un desmadre diario, y por el otro el mero entretenimiento. A mis compañeros nerds, a los emos, amargados y pseudo-intelectuales o a los que simple y sencillamente no les pasa el fútbol les digo: no se claven.

El opio del pueblo es la apatía, la ignorancia y el ensimismamiento indiferente, los cuales se dan los trescientos sesenta y cinco días del año, independientemente de que haya fútbol, programas de televisión, o gente que vea la televisión o asista a los partidos de fútbol. No me salgan con la tontería de que este inocente divertimento es el enemigo número uno de nuestro país.

miércoles, 2 de junio de 2010

Ironía n° 23

Uno de estos días, cuando me encontraba formado para subir a una de las rutas del pumabús, avisté en una de las entradas de Ciudad Universitaria (la cual estaba a unos pasos de distancia) que un contingente del Sindicato Mexicano de Electricistas porotestaba con sendos carteles e instaba a los peatones a apoyar su ya tan sabida lucha social contra el gobierno. 

Yo pensé en darles un poco de lana, más que nada para deshacerme del molesto cambio de monedas de cincuenta centavos que constantemente cargo conmigo, ya que como bien saben pedir que te lo cambien es una misión imposible en esta pinche ciudad. 

Pero pues no, no traía varo, sólo lo necesario para la sobrevivencia de ese día. Como estaba aburrido se me ocurrió pensar, (algo que no hago mucho mientras estoy en actividades de espera) y recordé que tenía un par de frutas de sobra. Quizás de tanto protestar los cuates tuvieran hambre, o anduvieran mal comidos (por aquello de que protestar es una joda), así que pensé en obsequiarles aunque fuera una manzana.

Crasa ironía: al acercarme me di cuenta de que no había puesto atención a las proclamas de los manifestantes. Mi brazo estirado, con la manzana en la mano dirigida hacia una señora que repartía volantes. Su reacción: una cara de molestia, o más bien de "pinche chavo burlón". Leí el cartel. Que distracción. Los trabajadores del honorable SME estaban recabando fondos para la huelga de hambre.