Lo normal: Nacer, crecer, bloggear y morir...



sábado, 10 de abril de 2010

Regresiones a la infancia I

Si son de mi generación (nacidos a finales de los ochenta) habrán coleccionado al igual que yo álbumes de estampas. De los primeros que coleccioné, ayudado por mi padre y mi tío quienes me compraban sobres de estampas y me ayudaban a cambiar las repetidas, fue el de las famosas Pepsi Cards de DC Comics de 1996, el cual aún conservo, algo gastado pero bien guardado. 

Aunque sin duda los más famosos y que marcaron época en todos los chavitos de aquella generación de los noventas, fueron los de Dragon Ball. La cifra exacta del número de álbumes que salieron de aquella legendaria caricatura japonesa no la recuerdo, pero si fueron un chingo. La tirada de mercadotecnia les salió al puro pedo porque lo que se contaba en el álbum era lo que en ese momento se trasmitía por televisión. Por eso es que hubieron tantos, porque el plan era contar la caricatura a través de los álbumes. Al mismo tiempo que veías los nuevos capítulos del anime coleccionabas el álbum. 

Recuerdo que el furor era generalizado. Todos los que íbamos en la primaria en aquellos tiempos nos poníamos a gastar de forma compulsiva en estampas el dinero que nos daban nuestros jefes para gastar en la escuela, a hacer mandados para ganar los favores monetarios que sirvieran para comprar más sobres, y los que podían a adular al tío o al padrino que venía de visita los fines de semana para adquirir cuantiosos domingos que invertíamos en el vicio.  

También recuerdo que se formaban verdaderas turbas de morritos en el patio del recreo y a la salida de la escuela, en donde el móvil era hacer hasta lo imposible por cambiar las estampas repetidas. Recuerdo a algunos verdaderos apasionados que llegaron a prometer a su hermana en pos de un holograma. Sería interesante hoy en día hacer una encuesta de cuantas chicas de aquellos tiempos perdieron más que la confianza en sus carnales por ayudar a estos a ser poseedores de un álbum lleno. 

Por mi parte yo no llegué a tales proezas. Le entré a todos los álbumes, si,  aunque tristemente no llené ninguno por completo. Pero de que era asiduo comprador y cambiador de estampas, lo era. Para que mentir. Y no sólo fueron los de Dragon Ball. En mi caso también fue uno muy famoso que salió a finales de los noventa y que era de especies de animales, así como el de Pokemon, en el cual sólo me faltaron dos estampas para llenarlo. Luego pasaron los años, salí de la primaria, se despejó el furor de los álbumes y así, hasta el 2002, año en que volví a las andadas. Esta vez el motivo era el mundial de Corea- Japón que se celebraba ese año. 

Estaba en secundaria, y en plena efervescencia de pelos y hormonas me dejé llevar de nueva cuenta por eso de malgastar mi dinero en estériles colecciones. Aunque la neta en aquel entonces no me gustaba mucho el fútbol que digamos. Bueno, no era que no me gustara sino que más bien no le agarraba la onda. Pero pues las estampas y el álbum estaban bien apantallantes, sin duda con más calidad que los de mis tiempos de morro de primaria (pues los hace Panini, editorial italiana) además de que no necesitaban pegarse con lápiz adhesivo (eran stickers). 

Así fue como, coincidiendo con mi descubrimiento del fútbol como algo que entretenía mucho, comencé la segunda etapa de colección de álbumes. Ya no tenía el pleno pretexto de la pendejez noventera, pero aún así me entregaba aún a la labor de llenar vacíos incomprensibles con el consumo cotidiano de papelitos brillantes. Ese del 2002 tampoco lo llené, pero pues aún así estaba seguro que cuatro años después le iba a entrar al mismo bisne. Y así fue. En el 2006 con el mundial de Alemania y ya en bachillerato, me puse otra vez a coleccionar el álbum. Ya era un traumatizado consumado.  Hace apenas unos días, ya muchas pedas, aventuras, tragicomedias y absurdos sucedidos después de aquellos tiempos, me percaté que era año mundialista.

Oh oh, el álbum oficial Panini Sudáfrica 2010 me guiñaba los ojos desde el puesto de periódicos ... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario